Con la llegada del otoño, hay que proteger la casa del fío. Aquí os presentamos las siguientes recomendaciones.
Últimos pisos: sin duda, los que más sufren la falta de aislamiento, dado que el techo es el sitio por el que se pierde más calor en invierno. Las cubiertas a dos aguas reducen la pérdida bastante, porque forman una cámara de aire. Si no las hubiera, otra forma de aislamiento es colocar un falso techo de placas de yeso laminado y un material aislante en su interior (fibra de vidrio, lana de roca o poliestireno expandido), con la densidad adecuada al grado de protección deseado. La obra es sencilla (hay pocas conducciones eléctricas) y sólo se pierden unos siete centímetros de altura. El metro cuadrado de aislante cuesta entre 3.200 y 4.000 pesetas.
Paredes: para evitar la entrada de frío y la humedad, pueden aislarse las paredes que dan al exterior. Se hace del mismo modo que el aislamiento del techo, pero es más complejo porque hay más conducciones eléctricas. Reduce el espacio en unos siete centímetros.
Ventanas: los cristales son uno de los puntos por donde más se escapa el calor en una vivienda (hasta un 40% del total de las fugas). La mejor forma de evitarlo es poner un doble acristalamiento. Esto puede hacerse con ventanas de aluminio o PVC, sujetas sobre el marco original, por lo que la obra es sencilla. Los cristales pueden ser de distinto grosor y llevan en medio una cámara de aire que produce el aislamiento. Otra posibilidad es colocar una doble ventana a unos 20 centímetros de la original, aprovechando el espacio del alféizar. Es menos eficaz, pero más fácil en pisos antiguos. El precio depende de la ventana original y de las unidades cambiadas.
Salidas de aire: para evitar que el calor se escape por las ventanas, se puede hacer algo tan sencillo ya barato como colocar burletes y sellar los cristales con masilla o silicona. Especialmente conveniente en carpinterías de hierro.
Otras rendijas: el frío se cuela por lugares insospechados, como la caja donde se enrollan las persianas. Se puede aislar con paneles de corcho blanco y sellar las rendijas con masilla o silicona. La hornacina donde van empotrados los radiadores antiguos también es un lugar de pérdida del calor, pues la pared es más delgada. Se aísla situando un corcho blanco detrás de la calefacción.
Bajar las persianas: en cuanto se vaya la luz, para evitar una buena pérdida de calor.
Ventilación: abrir las ventanas 10 minutos es suficiente para ventilar la casa, evitando que se escape el calor.
Calefacción a gas: es eficaz, cómoda y puede programarse su funcionamiento. La instalación para un piso de 90 metros cuadrados cuesta cerca de medio millón de pesetas. El consumo, según Gas Natural, estaría entre las 30.000 pesetas anuales (en zonas costeras) y las 50.000 pesetas (en el interior)
Acumuladores nocturnos: funcionan con electricidad, pero sólo consumen energía por la noche (la luz, entonces, cuesta menos del 50% de la tarifa normal, previa contratación), cuando los acumuladores almacenan el calor para liberarlo durante el día. El resultado: una casa perfectamente caliente las 24 horas. La desventaja: no puede programarse por horas. Una instalación para un piso de unos 90 metros cuadrados cuesta alrededor de 300.000 pesetas. Según Iberdrola, el consumo está entre 43.000 pesetas anuales (en una ciudad templada) y 75.000 (en una ciudad fría).
Bomba de calor: proporciona calefacción en invierno y aire acondicionado en verano. Lo característico de este sistema es que una parte de la energía que necesita la extrae del exterior, lo que supone un ahorro del 50% al 70%. Muy recomendable para zonas no excesivamente frías. La instalación para un piso de tamaño medio puede costar entre 300.000 y 500.000 pesetas.