PRECAUCIONES PARA TOMAR EL SOL
¿Se ha preguntado alguna vez por qué hay vida en la tierra? La habitabilidad de nuestro planeta se debe en gran medida a las condiciones ambientales que nos proporciona el sol. Esta fuente inagotable de energía nos aporta la cantidad justa de luz y calor que necesitamos.
Pero sepamos algo
más del “Astro Rey”: situado a casi 150 millones de kilómetros de la tierra,
emite de modo constante al espacio radiaciones electromagnéticas. A la superficie
de nuestro planeta sólo llega una pequeña parte de esta radicación, que será
la formada por la Radiación Infrarroja, la Radiación Visible y la Radiación
Ultravioleta.
- Radiación IR:
produce calor y, en altas dosis, puede provocar insolaciones, pero no causa
daño a la piel.
- Radiación visible: constituye la luz tal y como la vemos a través
de nuestros ojos.
- Radiación UV: aunque en pequeñas cantidades sea esencial para que
nuestro organismo desarrolle algunas funciones, es responsable de importantes
cambios cutáneos. Esta radiación se puede dividir a su vez en tres grupos
con efectos diferentes:
* UVA: responsable de reacciones a más corto plazo,
como bronceado inmediato, quemaduras solares, reacciones de alergia al sol,
envejecimiento prematuro (arrugas y manchas pigmentarias), y cáncer de piel.
* UVB: con efectos acumulativos y a más largo plazo,
como síntesis de vitamina D, bronceado duradero, quemaduras solares, envejecimiento
cutáneo, disminución de las defensas de la piel, conjuntivitis y cáncer de
piel.
* UVC: Son los rayos más peligrosos, pero son retenidos
por la capa de ozono de la atmósfera, sin llegar a alcanzar la superficie
terrestre.
Aunque, como hemos
dicho, el sol emite todas estas radicaciones, la intensidad con que llegan
a la tierra varía dependiendo de un gran número de factores:
- Hora del día: entre las 12 y las 16 horas la intensidad de la radiación
solar es máxima.
- Altitud: los riesgos de daño solar se incrementan con la altura. Así, cada
300 metros que ascendemos por una montaña, la radiación se incrementa en un
4%.
- Estación del año: En verano las emisiones solares llegan a la tierra con
máxima energía.
- Condiciones atmosféricas: aunque con los días nublados no percibimos la
sensación de calor porque las nubes retienen la radiación IR que la provoca,
el 90% de los rayos UV las atraviesa, con lo que el riesgo es casi el mismo
que en un día despejado.
- Reflejo en superficies próximas: la radiación solar que nos llega directamente
desde el sol se suma a la que recibimos por reflejarse en todo lo que tenemos
cerca. Según el material y su color, las superficies cercanas pueden reflejar
hasta el 80%, como la nieve, o el 20% como el agua o la arena.
- Zona del planeta: en países próximos al ecuador, la radiación se hace más
intensa.
La
piel: nuestro escudo.
Aislándonos de toda esta radiación, los humanos tenemos el órgano más grande
y pesado del cuerpo: la PIEL.
La piel, además de protegernos de agresiones del exterior, decide qué sustancias,
vía tópica, pueden acceder a la sangre (permeabilidad selectiva). Mediante
mecanismos como la erección del vello o el simple hecho de ponernos colorados,
es capaz de regular nuestra temperatura. La piel, además, mediante los receptores
del tacto nos permite sentir si algo es suave, blando, húmedo o frío. Pero,
sobre todo, la piel “habla de nosotros”, juega un papel fundamental en nuestra
imagen, es indicador de salud, de higiene e incluso de posición social.
Todo esto es motivo suficiente para extremar nuestros cuidados y evitar los
daños que la piel pueda sufrir. Y es el sol, sin duda, uno de los peligros
mayores a que podemos exponerla con consecuencias tan graves como:
- Eritema solar: conocido comunmente como quemadura, aparece entre las 6 y
las 24 horas posteriores a la exposición solar, y su gravedad depende de la
intensidad de la exposición y del color de la piel de la persona.
- Alergias solares: son erupciones y picores que pueden aparecer tras una
exposición al sol prolongada y sin protección, y que dejan a la piel sensibilizada
para exposiciones en años venideros.
- Envejecimiento cutáneo: los rayos ultravioletas generan radicales libres
que alteran el colágeno y la elastina de la piel. Esto origina cambios poco
estéticos como flaccidez, arrugas, manchas pigmentarias, tejido engrosado,
...
- Fotoinmunosupresión: las defensas de la piel frente a las agresiones externas
disminuyen, dejándola desprotegida ante infecciones cutáneas como hongos o
herpes.
- Cáncer cutáneo: el melanoma es un tumor maligno que se desarrolla a partir
de los melanocitos (células que sintetizan la melanina responsable del color
de nuestra piel), como consecuencia de exposiciones solares muy intensas y
reiteradas, sobre todo en los primeros años de vida.
Pero por suerte, nuestra piel dispone de una serie de mecanismos de defensa
frente a estas agresiones solares:
- Engrosamiento cutáneo: la piel aumenta de grosor dificultando la penetración
de la radiación UV a capas más profundas.
- Barrera de melanina o bronceado: la piel, frente a la radiación solar, reacciona
activando a sus melanocitos para que sinteticen melanina, el pigmento que
colorea nuestra piel y protege a las células absorbiendo la radiación.
- Secreción de sudor: el sudor contiene una sustancia, el ácido Urocánico,
capaz de captar una pequeña parte de la radiación recibida.
Actualmente, los hábitos
de vida hacen que estos sistemas de protección natural no sean suficientes.
Las frecuentes y prolongadas exposiciones al sol a que nos sometemos cada
verano, hacen que debamos completar la protección de la piel con métodos de
fotoprotección artificial.
Los fotoprotectores.
Los fotoprotectores o filtros solares son sustancias que, aplicadas sobre
la piel, reducen la penetración de la radiación solar y disminuyen sus efectos
nocivos.
El FPS o factor de protección solar, es un índice que mide la eficacia de
los fotoprotectores. Cuanto mayor sea el FPS de un producto, más alta será
la protección que ofrece frente al sol. El valor de FPS indica cuantas veces
más puede resistir sin quemarse una persona al sol si se da protector solar,
que cuando lo hace sin ponerse protección. Así, un individuo capaz de estar
10 minutos al sol sin presentar eritema, utilizando un FPS 6, podría aguantar
6 veces más, o sea, 60 minutos.
Pero no debemos olvidar que el Factor de Protección se mide en condiciones
de laboratorio, con una cantidad generosa y constante de crema aplicada de
forma correcta, y que existen varios métodos científicos para determinar este
valor que dan resultados diferentes en un mismo producto. Por eso el FPS sólo
debemos usarlo como un dato orientativo para comparar la eficacia de los distintos
filtros.
Las condiciones de uso reales son bastante distintas de las condiciones teóricas;
la sudoración, la cantidad de producto que aplicamos y la forma en que lo
repartimos, reducen el efecto del filtro solar.
En la actualidad existen en el mercado 3 tipos de filtros solares que encontramos
aislados o combinados para mejorar sus resultados:
- Filtros físicos: forman sobre la piel una película impermeable a la radiación.
Aunque estéticamente no sean muy atractivos porque dejan aspecto blanquecino,
son bien tolerados por la piel.
- Filtros químicos: absorben la radiación transformándola en energía inofensiva.
Son más estéticos, pero en pieles muy sensibles (niños), pueden dar reacciones.
- Filtros biológicos: aunque por sí solos protegen poco, son un complemento
de los otros dos tipos y aumentan su eficacia.