Según recientes estudios, existen más de 260 millones de direcciones de correo electrónico en el mundo, y cada usuario recibe una media de 30 mensajes diarios, de los que se estima que alrededor del 70% son mensajes indeseados o spam.
En los últimos años, el correo electrónico ha pasado de ser una rareza, a convertirse en utensilio imprescindible en muchos puestos de trabajo y en herramienta de gran utilidad en el entorno de las comunicaciones personales, llegando a un punto en el que se usa casi con la misma familiaridad que el teléfono. Pero, igual que el número de teléfono es un dato que sólo proporcionamos a quien creemos conveniente, y nos molesta que nos llamen extraños para, por ejemplo, hacernos una encuesta, nuestra dirección electrónica es privada, y, por tanto, su acceso debe estar restringido, de forma que no todo el mundo nos pueda dirigir mensajes.
¿Qué es el spam?
El spam es correo electrónico no solicitado o no querido, que se envía
a múltiples usuarios con el propósito de hacer promociones comerciales
o proponer ideas. También se conoce como e-mail comercial no solicitado.
Generalmente, los spam son mensajes publicitarios, ofertas para asistencia financiera o intentos de que el receptor visite cierta página web.
Estos mensajes son enviados a cientos de miles de usuarios cada vez. Es similar a cuando recibe correo postal con publicidad en su casa, con la diferencia de que esto ocurre por vía de una lista legítima de mailing, mientras que el mensaje spam no fue solicitado.
¿Qué perjuicios ocasiona el uso del spam?
El spam es un robo de recursos, tanto temporales como económicos. Además
del tiempo que tardamos en descargar de la red esos mensajes, con el consiguiente
aumento del tiempo de conexión a Internet (quien no tenga tarifa plana
lo notará en su factura), pueden ser caldo de cultivo para la transmisión
de virus informáticos, que de esta forma llegarán a cientos
de miles de ordenadores de todo el mundo, a través de estos mensajes
“spam”.
¿Por qué a mí?
Nuestro nombre puede llegar a una lista de spam desde varias fuentes: buscadores
de direcciones electrónicas, otras listas de distribución, etc.
Es muy fácil entrar pero más complicado salir, puesto que, aunque
algunos mensajes nos ofrecen la posibilidad de borrar nuestros datos, esta
facilidad no es más que una trampa para comprobar que nuestra dirección
existe y está activa.
¿Qué puedo hacer?
Hasta que entre en vigor la Ley de la Sociedad de la Información, que
sí regula detalladamente el spam, lo único que nos queda es
tratar de localizar a quien nos lo manda, consultando con nuestro proveedor
y trasladarle nuestro deseo de no recibir más mensajes. Pero esta medida
no es todo lo eficaz que cabría esperar, puesto que su funcionamiento
depende enteramente de la voluntad del anunciante.
A partir del 12 de octubre, fecha en la que entra en vigor la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico, estará prohibido enviar cualquier tipo de mensaje publicitario a personas que no lo hayan solicitado previamente. Además, cuando se trate de un mensaje publicitario, deberá indicarse con la palabra “publicidad” al comienzo del mensaje.
El incumplimiento de estas normas es calificado como falta grave, y podrá sancionarse con una multa de entre 30.001 hasta 150.000 €.